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Es ampliamente conocido que un niño necesita protección y guiamiento por parte de sus padres, principalmente durante la infancia, esta protección es necesaria en los primeros años de vida, para que el niño pueda desarrollar las bases de su personalidad, explore su capacidad creativa, intelectual, intuitiva, emocional entre otras que le permitan llegar a formar un auto concepto de sí mismos y del mundo que los rodea.

Este conocimiento personal conlleva a que el niño este en contacto consigo mismo y pueda manejarse con mayor seguridad, seguridad que le permitirá confiar en sus ideas, no temer a sus emociones, superar sus obstáculos internos y externos, solucionar conflictos, etc. Sin embargo, existen muchas conductas con las que, sin darnos cuenta, evitamos que nuestros niños alcancen esa seguridad añorada, y aquí les dejamos 6 errores comunes que cometen los padres.

  1. No dejar que los niños experimenten riesgos.

Lógicamente un niño es aun un ser que requiere cuidados y supervisión y es entendible que un padre proteja a su hijo de diversos peligros, sin embargo algunos padres llegan a extremos y terminan sobre protegiendo a sus pequeños, limitando sus oportunidades de exploración y aprendizaje.

 

  1. “Rescatarlos” demasiado rápido.

Cuando un niño está explorando su medio, existirán ocasiones donde se encontrará con situaciones peligrosas y es imprescindible que tengan supervisión de un adulto, pero es importante que los padres en ocasiones controladas les brinden libertad para solucionar problemas y resolver imprevistos, de esta forma ellos generaran mayor estrategias de resolución de conflictos y serán más independientes.

 

  1. No compartir errores del pasado.

Es bueno que lo padres expliquen a sus hijos que equivocarse es parte del proceso de aprendizaje y que todos estamos en posibilidad de hacerlo. De esta forma cuando el niño tenga un error o fracaso es bueno compartirles historias personales donde hayas atravesado algo similar.

 

  1. Confundir inteligencia, talento o influencia con madurez.

Cuando un niño es hábil y tiene respuestas de “grande” el padre queda gratamente sorprendido, y puede llegar a confundir esta actitud o logro con madurez. Lo peligroso de esta confusión es que el padre comienza a asignarle responsabilidad que no son acordes a su edad o que deposite en él contenidos que aun no está preparado para manejar a nivel emocional y social.
Isabel Solís
Psicoterapeuta

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